Cooking Vader

La alimentación es crucial. Sobre todo si queremos llevar a nuestra Piedra a una convención de Star Wars como un pequeño Jabba el Hut sin necesidad de disfrazarle.

El problema es que el asunto no es tan sencillo como parece. Piedra Pómez no es Mario, que se come una seta y ya es capaz de destruir bloques de piedra con los puños. Tampoco es un miembro de las tortugas ninja, que tras un par de pizzas de pepperoni salen a luchar contra Shredder y sus secuaces al ritmo de ¡Cowabunga!

No. Por ahora, Piedra Pómez, es unidiente y a pesar de su carisma y capacidad actoral, tengo claro que no sería capaz de protagonizar Tiburón. Aunque conozco a varias personas capaces de enfundarse el disfraz del “terror de los mares” con tal de hincarle el diente a Lucarius.

Ahora mismo, no puede zamparse un gigantesco plato de carne como Luffy, pero en una competición entre el del sombrero de paja, Goku y Piedra Pómez tengo claro que, por lo menos, habría un empate. Es cierto que su alimentación se restringe a pocas cosas, pero la variedad de productos supera ampliamente al inventario de Geralt de la Rivia. Hay que ser un auténtico chef para no perderse nada y acertar con lo que le toca devorar a Lucarius. Suerte que fui un experto con Cooking Mama en mis años mozos. Si no, estaría completamente perdido.

  1. Biberón Konami: Más complicados que las combinaciones de botones de los juegos clásicos. Por lo menos, si fallabas con la secuencia no ocurría nada. Aquí te juegas el todo por el todo. Cacitos de leche variable dependiendo de la hora del día, agua que sube o baja en función de cuantos meses tiene la piedra, complementos con o sin gluten… Menos mal que trae tutorial como todo buen videojuego moderno, si no, darle de comer sería más difícil que encontrar balas en el modo superviviente de The Last of Us. Al menos, tengo claro que estos se los come al despertar y al acostarse para dormir.
  2. Grageas Bertie Bott de todos los sabores: La hora de la comida se convierte en un verdadero festín más mágico que los desayunos que se metía Harry Potter entre pecho y espalda en el Gran Comedor. Lo que tengo claro es que un muggle no sería capaz de darle de comer. Es necesario tener un master de Transformación en Hogwarts impartido por la profesora McGonagall para que Piedra Pómez piense que lo que le viene a la boca es un X-Wing en vez de una cuchara asesina. Además, contamos con 700 sabores diferentes a cada cual más curioso. Tranquilos, no hay ninguno con sabor a vómito.
  3. Pociones Lon Lon Ranch: ¡La hora de las vitaminas! La fruta es fundamental para aumentar las defensas y limpiar el estómago y que mejor que acudir a los expertos en estos manjares. La granja Lon Lon situada en la pradera de Hyrule, cerca del castillo de la princesa Zelda ha diversificado su producto y ya no solo importa leche a los mercados internacionales. El aumento de la barra de magia o estamina, la recuperación de energía o el incremento de salud al más puro estilo Link al recuperar corazones, son solo algunas de sus bondades.
  4. Pancificador: ¿Vuestro hijo está intranquilo al veros comer? ¡No os preocupéis! Cualquier tentempié es válido para que se quede tranquilo y a gusto en su Halcón Milenario esperando a que vosotros terminéis vuestro plato. Un cuscurro de pan, un trozo de patata o algo similar logrará distraerle mientras pasea el alimento por su boca e intenta triturarlo con su unidiente. Eso sí, prestarle atención para que no le pase nada.

¿Cómo lleváis vosotros la alimentación de vuestras piedras?

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