Farmear para subir de nivel… ¡Básico!

Es absolutamente terrible que cuando por fin vuelvo a darle contenido al blog, algo malvado, casi perverso, me ataca de nuevo para que no pueda seguir con lo que considero una parte fundamental de mi vida. Lo último ha sido un nuevo ingreso hospitalario más peliagudo que el que tiene que sufrir Joel en The Last of Us. Bueno, realmente no ha sido para tanto, pero he estado prácticamente una semana y media fuera de combate.

Lo mejor es que, como guardaba un hada en una botella como Link por si las moscas, regreso con energías renovadas. ¿Y de qué vamos a hablar hoy? Pues de las costumbres y los hábitos que vamos inculcando a nuestras Piedras desde que nacen.

Somos animales de costumbres y las acciones que vamos realizando día tras día van fijando nuestro quehacer diario. Últimamente me encuentro jugando a Horizon Zero Dawn, la última gran obra de Guerrilla y me viene perfecto para explicar lo que quiero decir.

Para poder construir materiales como flechas, trampas, bombas de fuego o cualquier utensilio para acabar con las máquinas que pueblan el mundo, necesitamos ir cosechando elementos. Si de repente nos encontramos en una batalla encarnizada con un Dientes de Sierra y nos quedamos sin arpones, y no tenemos materiales para fabricar más porque no hemos ido recogiendo recursos por el camino, lo vamos a pasar realmente mal. Es cierto que podemos combatir con él, e incluso ganar, pero nuestros botiquines van a bajar más rápido que la espuma y aquí no hay recuperación de vida automática como en todo buen videojuego moderno.

Eso mismo pasa con nuestros pequeños, pero en vez de recoger materiales, vamos metiéndoselos poco a poco en sus pequeñas cabecitas. No es un proceso fácil, evidentemente. No digo que tener arpones haga que el combate contra el Dientes de Sierra sea sencillo, pero si que facilita las cosas bastante.

Es un proceso intenso que puede llegar a abrumar ya que es una constante que se repite día tras día. Hablo tanto del videojuego como de la enseñanza. Lo que mola de verdad es enfrentarse a las terribles criaturas que nos esperan en su vasto universo y no armarse de paciencia haciendo de recolector al más puro estilo Harvest Moon. Sin embargo, la recompensa si nos detenemos a recoger todos los materiales es muy jugosa. Ver como aparece ante ti un animal mecánico débil al rayo y tener flechas eléctricas no tiene precio.

Os contamos un poco las pequeñas cosillas que hemos ido inculcándole con el paso de los meses y que ahora, gracias a la paciencia de la recolección, hemos podido incluso domar a alguna de las bestias más terribles del juego.

  1. Zelda’s Lullaby: Los tiempos, fundamentales. Si Link no hubiese estado atento y no hubiese tocado la Canción del Tiempo antes de la finalización de los tres días, el mundo de Términa hubiese sido engullido por la luna oscura. Horario de siestas y momento de dormir a rajatabla. Al principio os llamará más veces que Navi en todo Ocarina of Time, ya que tendrá ganas de seguir explorando todo lo que tiene a su alrededor, pero una vez se fije en sus costumbres el mismo se irá al cuarto a la hora de la siesta. No es broma. Me ha pasado. Se fue al cuarto él solo y empezó a hablarme en bebélfico. Fuí al cuarto y me lo encontré mirando la cuna con desesperación.
  2. ¡Las misiones secundarias también son importantes!: A lo largo del día hay infinidad de horas en las que nuestros pequeños están despiertos y tienen ante sí infinidad de misiones secundarias que pueden llegar a abrumar. Lo confieso: hay juegos que ante tal cantidad de cosas que hacer, acabo aburriéndome y dejando el juego a la mitad sin haberme pasado la historia principal. Si Animal Crossing me ha enseñado algo es a organizarme el día. Primero buscaba las piedras falsas para conseguir minerales. Luego buscaba el pedrusco trampa que te daba 16.000 bayas. Después, a la caza de fósiles… ¿Entendéis de qué hablo? Organización y rutina. Plantear cada día con actividades que llenen las horas entre siesta y siesta y comida, merienda y cena. Primero juego con bloques, luego lectura de un libro, después juego con los papás… Todo depende de cómo queráis organizaros vosotros, pero al final lo importante es que el entenderá que hay momentos para todo e irá organizando su cabeza y teniéndola más amueblada y en orden.
  3. Food Souls 3: Recuerdo el día en el que el pediatra me dijo que ya podía darle naranja a Piedra Pómez. Yo todo contento y feliz porque por fin iba a poder darle algo que no fuese biberón, pero… ¡Menudo noob! Fue de las peores pesadillas de mi vida. Más complicado incluso que pasarme la maldita expansión The Old Hunters de Bloodborne. ¿Qué saco en claro de todo esto? Que no desesperé y seguí intentándolo. Tenía claro que al igual que vencí al Huérfano de Kos iba a conseguir que a Lucarius le gustase la dichosa naranja ¡Y no me equivocaba! Pero el camino hasta lograrlo… Darle nuevos alimentos a nuestros pequeños es una tarea complicadísima y que puede frustrar a cualquiera, pero seguir intentándolo y no caer en el “veeeeeenga, pues te doy una cosa que te guste” es lo que diferencia al Maestro… del aprendiz.

¿Vosotros que cosas habéis ido inculcándoles a vuestros pequeños?

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